Montería con Dogos Argentinos Tengo recuerdos Unidos hasta la muerte foto1 actarus Pagina nueva 4 Pagina nueva 1 B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o Arbol Genealógico B a s e   d e   D a t o s   D o g o  A r g e n t i n o B a s e   d e   D a t o s   C r i a d e r o s Listado de Criaderos Pagina nueva 1 Pagina nueva 7 Pagina nueva 4 Pagina nueva 4 Pagina nueva 1 B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o B a s e   d e   D a t o s   D o g o   A r g e n t i n o Arbol Genealógico actarus Pagina nueva 1

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Porque luchan y mueren los Dogos

Hace pocos meses los periódicos y radios del país, se hicieron eco y ocuparon extensamente de la forma heroica en que murió un Dogo Argentino, en lucha con un jabalí, en Choel Choel Ese Dogo —Day de Trevelin—, tuvo la suerte de luchar y morir en presencia de periodistas Americanos y Argentinos, y fue filmado y fotografiado en acción. Ello dio trascendencia a su muerte y lo lanzó a la popularidad, tanto aquí, como en el exterior, ya que en Estados Unidos, también los periódicos se ocuparon de él.
Para quienes no han tenido la oportunidad de ver los dogos en acción y en lucha con un ¡abalí Europeo de afilados colmillos, les resulta sorprendente y hasta inusitado que un perro trabado en lucha con un animal que le supera en muchos veces su peso y en armas de combate, no abandone la pelea hasta vencer o morir. Pero esa es la consigna del Dogo Argentino.
La muerte de Day de Trevelin  —hermoso ejemplar que hace cinco años enviáramos desde aquí a Biló—, me trae a la memoria algunas anécdotas de luchas y muerte de Dogos de las que hemos sido testigos presenciales o tenido noticias fidedignas. Trataremos de recordar algunas.
Para Semana Santa del año pasado, al regresar a nuestra casa de Esquel en el Domingo de Pascuas, de un via¬je en avión a Punta Arenas, nos encontramos que un camionero había traído y depo¬sitado en manos del servicio doméstico, un dogo prácticamente deshecho y con tantas heridas en su maltrecho cuerpo, que parecía imposible que sobreviviera a tanto traumatismo. El perro no era de mi propiedad, y al principio no lo reconocí, pues estaba muy lastimado e hinchado por golpes y lesiones. Llamé a uno de los veterinarios de Esquel, el Dr. Núñez, quien le prestó sus más solícitos cuidados y ayudado por mi y un amigo, le cosimos las heridas y le hicimos las curas de emergencia. Poco a poco se fue recuperando, hasta que salió a flote.
A los pocos días pude ubicar a su dueño, el señor Pastor Rocha, capataz en la estancia de don Elias Owen, en Trevelin —en dicha estancia nació el ya famoso Day de Trevelin— y allí me informaron de lo ocurrido.
Don Elias, con su capataz Rocha, habían salido de a caballo a revisar una hacienda, al atardecer del día viernes Santo y sólo llevaron a Olvido de Trevelin, uno de sus dogos, hermano de Day y a un ovejero. En seguida que entraron al monte, el dogo olfateó un jabalí y se lanzó en su persecución. A los pocos minutos sintieron la lucha sorda del dogo y la bestia, mientras el ovejero, con sus continuos ladridos, les indicaba el lugar del drama. Anochecía y la penumbra no les permitía o hacía muy riesgoso el avecinarse, hasta el trágico lugar de la lucha, sin más armas que sus, cuchillos de campo. Recordaron que pronto saldría la luna llena y a prudente distancia fueron siguiendo de a caballo en medio del bosque, la lucha del dogo con el jabalí, orientados siempre por los ladridos del ovejero, ya que el dogo sin soltar la presa no emite ningún sonido y el jabalí, cuando es macho adulto, tampoco grita y pelea en silencio, sin hacer más ruido que el que se produce al sacudir el cuerpo del dogo contra los troncos y ramas, tratando de desprenderse dé su atacante. Transcurrió así como media hora, rápido de decirlo pero que parece un siglo y son vitales, cuando se está frente a una lucha tan desigual, en medio de un bosque cordillerano y de noche. Salió al fin la luna llena y don Elias y su capataz pudieron arrimarse, echando los
caballos contra el enorme jabalí y no sin riesgo pudieron tomarlo de la pata, mientras el malherido dogo lo sujetaba de la cabeza y terminaron con él a puñaladas. El dogo, era una sola mancha roja que contrastaba con la albura de su pelo, que aquí conserva una blancura inmaculada, lavados por la nieve y el agua, que en la cordillera tanto abunda. Despanzaron la presa, que se trataba de un enorme macho adulto y lo cargaron sobre uno de los caballo. Mientras tanto el dogo desapareció y por más que lo llamaron, no pudieron dar con él. Pensaron que habría muerto, ya que el dogo al sentirse morir o muy herido se esconde en la maleza y con la tristeza natural al hecho, regresaron al casco de la estancia. Pasó toda la noche del viernes, el sábado y el domingo por la tarde, venía un camionero por la ruta de Valle Frío, encontrando que regresaba en dirección a la estancia, el dogo malherido y que apenas caminaba. Pensó que era de mi propiedad y por eso lo trajo hasta mi casa de Esquel. El Dogo, Olvido de Trevelin, había luchado solo, mano a mano, más de media hora, de noche, en medio del bosque, con un jabalí que lo aventajaba mucho en peso y pese a estar muy herido por eos meses, fue muerto al fin por un jabalí, cazando en Río Grande. Tres hermanos suyos y por ende de Day de Trevelin, han muerto en iguales circunstancias, es decir que de esa lechigada, murieron cuatro en su ley, viviendo actualmente dos. Dele de Owen, que tiene el señor Biló y Facundo en nuestro poder.
Cuando llegué hace diez años a establecerme definitivamente en Esquel, traje cinco dogos adultos, todos ca¬zadores. Se los presté al mayor Sustaita, para cazar jabalíes en su estancia La Diana, en El Corcovado. Su capataz, Jaramillo, cazó con ellos muchos jabalíes y pumas en un invierno. Alica-cha, un hermoso dogo, nacido en La Pampa, fue muerto en la cordillera por un jabalí, después de haber vencido ese mismo día a un puma, cuya cabeza guardo embalsamada como precioso trofeo. La altura, la nieve y lo intrincado del bosque, impidió a Jaramillo, que es un experimentado  cazador  y hombre de campo, llegar a tiempo para ayudar a Alica-cha que ya había muerto con la carótida seccionada. Los otros dogos estaban malamente heridos pero se salvaron. Al poco tiempo una doga, que iba en persecución de un zorro colorado, se tiró desde varios metros de altura contra el zorro que se había refugiado en una cornisa, y ambos se fueron al abismo, muriendo los dos en la caída. Guardo también la cabeza del zorro, que por su gran tamaño, más parece la de un coyote Americano. Un hijo de ésta pareja, nacido mientras estuvieron en el Corcovado y que Jaramillo obsequiara al estanciero vecino, don Alberto Sánchez, fue también muerto por un jabalí, después de haber cazado colmillazos de la bestia   magullado por los golpes entre los troncos. Felizmente   pudo recuperarse y a los   quince días se lo llevé a su dueño, ya completamente establecido.
Muchas veces más fue nuevamente herido, cazó inumerables jabalíes y pumas,  y después del hecho larrado, hasta que hace poco o muchos y haber sido herido innumerables veces. El Sr. Sánchez tuvo la deferencia de preparar en un escudo los colmillos del jabalí que mató a su dogo y obsequiárme los, los que guardo entre mi colección.
Acabo de bajar de la cordillera del Percy, el dogo Naneo, que es de propiedad del estanciero don Juan Go-ya. Lo he traído para cría, pues ha resultado extraordinario cazador. Su cuerpo cubierto de cicatrices, parece un Samuray Japonés, tiene 4 años y me informan que ha cazado en ese tiempo muchos jabalíes, pumas y zorros. Cuando me lo trajeron, venía de estar tres días caído en una quebrada de la montaña, a donde fue a parar tras un zorro. Lo encontró el puestero Aviléz —que caza con él—y con el zorro muerto a su lado. Felizmente salvó su vida. Y para terminar estos relatos, me referirá a la fotografía que ilustra esta nota. La perra que aparece muerta en primer término, en el medio, estaba prendida con su boca como tenaza de un muslo del jabalí, ya muerto. Como al decirle que soltara la presa no lo hacía, la movimos y cayó de lado. Estaba ya muerta y no había soltado. Cualquier comentario huelga.
Cansaría al lector si me pusiera a recordar todos los ca¬sos de mi conocimiento, en que nuestros dogos han lu¬chado "To the end" o han muerto en pelea. Es su destino.
Pero todos estos fieles y valientes compañeros de caza que acabo de recordar, como tantos otros, no tuvieron la suerte de morir delante de periodistas o "Cameramen", 
como el valiente Day de Trevelin y murieron en el anonimato, como el soldado desonocido, que ofrenda su vida por la Patria, sin dejar su nombre para la estatua o para la historia.
Son ya innumerables los Dogos Argentinos, que han muerto en la forma heroica con que lo hizo Day de Trevelin, dejando sus cuerpos inertes, bañados de sangre. verdaderos mojones blancos y rojos de coraje criollo, o lo largo y lo ancho de nuestra patria.
Es a esos dogos, que mueren silenciosamente, que no tienen más tumba que la verde gramínea de los campos virgen, ni más mortaja que la nieve, ni más monumentos que los coihues y alerces milenarios o el picacho de hielos eternos, a quienes quiero rendir mi emocionado y agradecido recuerdo.
Confieso sin hesitaciones, que cada vez que me entero que un dogo ha muerto en su ley, siento como creador de la raza, junto con la tristeza inherente al hecho penoso, esa especie de orgullo que deben haber sentido las madres Espartanas, cuando al despedir a sus hijos que iban a la guerra, les decían al entregarles el escudo: Vuelve con él, o muere sobre él. . .
Sabe Dios que hasta le fecha, todos los dogos han sabido triunfar en la lucha o caer como Day de Trevelin. Por eso el monumento que la casa Winchester levanta a ese Dogo, será también un monumento a tantos otros dogos, que en el anonimato, silenciosamente, como soldados de fronteras han cumplido con fidelidad la consigna de la raza, que como un sueño de niñez, les impusimos hace más de cuarenta años con mi hermano Antonio. Triunfar o morir en el combatel


Agustin Nores Martinez