A PERRO, CUCHILLO Y CABALLO - LA REVANCHA-
En cierta ocasión me aposté en un charco, quería cazar un chancho
gordo para choricear. A la tarde había construido o mejor dicho cavado
el apostadero entre unos tamariscos, calculando la distancia efectiva
para el tiro con mi Winchester 44, o sea bastante cerca del charco.
me aposté temprano y me quede dormido un rato, cuando desperté la luna
estaba como un zapallo, rato después sentí un ruido en el agua me
enderece muy silencioso y vi a la bestia en el charco, muy cerca,
estaba como de día pero las sombras producidas por los árboles me
ocultaban a mi muy bien y a esa distancia el plomo no perdona, sin embargo
había algo que me intrigaba, era un gran padrillo que se me
hacia conocido.
Recordé el enfrentamiento que unos meses atrás había tenido Ranquel a
escasos 500mtrs de aquel charco con un gran moro, que dejo a mi
perro maltrecho por un tiempo.
Y no pregunten por que, ni yo me lo explico bien todavía, en vez de
disparar prendí el reflector que tenia por si se ocultaba la luna, era
sin dudas el gran moro aquel que una vez nos gano.
Tal vez fue respeto por el rival que me había vencido,o quizás pensé
que ese fantástico animal no merecía morir así o a lo mejor quise
darle a mi perro la oportunidad de la revancha o todo junto, no se, el
hecho es que lo deje ir, pero ya comenzó a crecer en mi pecho la
esperanza de encontrarlo con los perros, vengarme de la bronca que ese
chancho fiero me había hecho pasar.
Cuando empezó a aclarar el día bajo una linda cuadrilla y gatille,
palanca abajo y arriba y otro disparo, jaja, dos chanchos gordos y a
choricear, un disparo justo detrás del codillo, perpendicular al
cuerpo, el bicho corrió 50mtrs y a cobrar, al segundo a la carrera en
diagonal del costado derecho de la panza a la paleta izquierda, entro
200mtrs al monte y se planto
Bueno después de unos días de rastrear sin novedad, vino un gaucho
amigo y compañero de trabajo y dijo haber encontrado rastros muy
frescos de un enorme padrillo a unos mil metros de la estancia.
Salte de contento y enfile enseguida para la zona de las cuchas: Morgan
(el pirata, sordo como un ladrillo pero baquianisimo en el monte),
Furtivo (el veloz) y el pesadísimo Bronco habían sido traídos
del pueblo como refuerzo para la ocasión y completando el equipo, Cruz
( que ya estaba mordiendo bien), Ranquel (por supuesto) , Pinino (la
locura corporizada) y una yegua tobiana que parecía no temerle ni a la
muerte "La Martita".
Ni siquiera almorcé, ensille y haya fuimos, como siempre los perros sabían
bien el motivo de la excursión y comenzaron a trabajar, la
locura de Pinino yendo y viniendo me arranco una sonrisa, al poco
andar empecé a ver señales del jabalí y las seguí, los perros
hicieron el resto.
Pinino desapareció sin que los blancos lo notaran y se escucho un
torido, pero esta vez el chancho no se empaco sino que comenzó a huir
y haya fuimos todos tras el.
Calcule que buscaría para el monte sucio y con la tobiana a toda
carrera corte por la picada para ganarle el paso, llegamos casi
juntos, intento esquivarme, pero sabiéndome bien montado volví a ponérmele
en frente, quería frenarlo lo suficiente para que los perros
lo alcanzaran, pero esta vez no me esquivó sino que trato de cortar al
equino.
Toque a la yegua con los talones y eche la rienda hacia adelante, esta
respondió como un resorte y salto por encima de una bruquilla, el
chancho paso demasiado cerca para mi gusto, esquivamos un piquillin y
volvimos a la carga, no hizo falta frenarlo mas, cuando volví a
visualizar al moro viejo, ya estaban Furtivo y el Cruz prendidos como
dos abrojos.
Las puntas de los colmillos arqueadas para adentro le
dificultaban al viejo padrillo enganchar bien a mis perros pero en una
de esas engancho a Furtivo y lo rajo feísimo, el bicho intento escapar
pero desde atrás de una chilladora seca apareció la bocota de Morgan
que lo prendió de la oreja y al instante el pirata se elevo por el
aire encima de un piquillin y ya entro Ranquel derecho al hocico y le
broto sangre del pecho y otra vez Morgan que ya tenia la paleta enrojecida,
también el poderoso Bronco de la punta del hocico y hasta
Pinino cobro aquella vez.
Los sonidos de aquel combate por momentos se volvían aterrorizantes en
contraste con la cascada de adrenalina que impulsa al colmillo de
acero hacia adelante.
Ramas quebrándose tras los terribles choques, alaridos espeluznantes de dolor, bufidos bestiales del
jabalí que defiende su vida con un
coraje incalculable y los gruñidos de mis perros, dogos y no dogos
que ponen de manifiesto todo el valor y tenacidad que corre por sus
venas.
Y ni hablar del movimiento, de la imagen que uno tiene de tan increíble
batalla.
Todo en unos pocos minutos, mientras yo me desmontaba. Mis perros se lucieron, clave mi cuchillo y para terminar de una vez,
empujándolo hacia abajo
le raje el costillar ( y si alguien conoce mi cuchillo no dudara que así
fue, jaja).
Cuando el chancho cayo empecé a pelear con los dogos para que lo
soltaran, pero al ver a Ranquel mordiendo con tantas ganas y al resto
que sangraba aguantando el dolor para poder seguir apretando sus mandíbulas,
pensé -mas si, muerdan todo lo que quieran, el triunfo es
de ustedes-, y me senté al lado de un caldencito a observar, mientras
pensaba -que suerte tuve en la vida, de contar con estos perros y
vivir en esta zona-.
Sonreía por lo bajo mientras me fumaba un armado, que suerte tuve en
la vida de haber nacido argentino
Juan de la Cruz