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Montero Italiano

 

Relatos

 

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Montero Italiano

Todo comenzó con una llamada de mi amigo Sergio B. invitándome a cazar. Venía Carlos H. acompañado por
Luca "el tano" y Peco H. un muchachito de tan solo once años hijo de Carlos H. También compartió esta
montería Patricio G. y un amigo de Sergio B. con su escopeta de m... .y digo así por que la montería
criolla se practica solo con dogos argentinos y cuchillo. Me pasaron a buscar por mi casa para luego
pasar a buscarlo a Patricio. Viajamos tranquilos por aquella ruta desolada y hacia mucho frío, estábamos en
pleno invierno. Yo sentía una alegría muy especial ya que teníamos el enorme placer de mostrar a Luca
nuestra querida raza cazando en tierras argentinas. En el viaje hicimos una parada para tomar un café, Luca
con su castellano a media lengua se desesperaba por momentos por hacerse entender.
Le faltaban palabras en castellano y mezclaba italiano con la ayuda de ademanes , pero se hacía entender. Era
tremenda la alegría y emoción de este italiano macanudo. Simpático y amable acaparaba toda nuestra
atención. No paraba de elogiar a nuestros dogos argentinos empleados en nuestras partidas de caza
mayor. Una ves de haber llegado al campo despertamos al paisano al cual saludamos ceremoniosamente y
aprovechamos para preguntarle si sabía por donde andaban los chanchos. Nos dijo que andaban cerca
debido a que el campo estaba muy inundado. Bueno... era una buena noticia. Nos cambiamos de ropa para
entrar al campo, hacía un frío espantoso pero estábamos impacientes esperando que amaneciera, ya
faltaba poco. Con los primeros rayos de sol emprendimos la caminata con mucho entusiasmo, Luca
seguía hablando sin parar mientras nos filmaba de a ratos, no podía creer lo que estaba viendo, campo
hacía donde mirara, campo, campo y más campo. Después de una hora de caminata sin ver ningún rastro
decidimos cambiar de rumbo buscando el viento.
Inmediatamente después de cruzar un alambrado los perros de Carlos comenzaron a lloriquear y decidimos
soltarlos, muy decididos " loco y gordo venteaban entusiasmados y detrás de ellos "toro y china". A unos
doscientos metros había un grupo de vacas con terneros, y los perros salieron en esa dirección a
toda carrera. Patricio llamó sus perros con desesperación imaginando que Toro y China confundieron
a un ternero con un jabalí. Salió corriendo un bulto negro viento arriba y todos nosotros nos detuvimos a
mirar. Parecía un ternero, pero cuando pasó corriendo por pastos más bajos nos dimos cuenta que era un flor
de padrillo, Patricio soltó sus dogos, ¡ comenzamos a correr nosotros también!, Todos los dogos corrían
detrás del preciado Jabalí y nosotros también. A los tumbos enredándome con los pastos corría yo como
podía.
Escuchábamos como China lloraba mientras corría, eso significaba que no podía alcanzar al padrillo ya que
era mucha la ventaja que le llevaba a los perros. Yo ya no daba más, me faltaba el aire, de pronto veo que
los perros volvían sin haber podido atrapar al padrillo. Estábamos cansados agitados y con bronca, se
nos había escapado un jabalí enorme y no sabíamos si íbamos a tener otra oportunidad. En pocos minutos
estábamos todos juntos, los perros y nosotros, comentamos lo sucedido y decidimos cruzar un arroyo
para buscar otro lugar posible donde encontrar algún otro jabalí. Cruzamos el arrollo con mucha dificultad
y ayudándonos mutuamente. Cuando subimos el terraplén vemos con gran sorpresa que los perros salen hacia el
campo a toda carrera, ¡ otra ves acción !, ¡ miramos hacia delante y vemos a dos jabalíes muy tranquilos a
unos doscientos metros nuestro!. Estaban comiendo en un campo inundado y no se percataron de nuestra
presencia. Los dogos corrían a gran velocidad en el agua, parecían tener motores fuera de borda. ¡Nosotros
también comenzamos a correr con desesperación, esta ves no se nos iban a escapar!. ¡Enseguida escuchamos
los bufidos del padrillo y simultáneamente los gritos de una hembra también!. Nuestra desesperación por
llegar al lugar de las peleas aumentó cuando llegamos Patricio y yo vemos sorprendidos que tres perros
estaban sujetando a la chanca y solo un dogo estaba luchando valientemente con el padrillo. Patricio y yo
llegamos casi juntos al lugar de la pelea. "Loco" sujetaba al padrillo de una oreja firmemente
soportando el duro castigo de parte del padrillo. El padrillo no era de los más grandes pero si de los más
bravos, pesaría unos cien kilos de pura bravura y poder. Sacudía la enorme cabeza hacia ambos lados con
una velocidad tremenda y el perro flameaba como una bandera. Pero loco no aflojaba ni un instante
demostrando que era un dogo de verdad. Con Patricio decidimos desinflar al padrillo de una ves,¡ pero
cuando nos acercamos lo encaro a Patricio con perro y todo!.
¡ Patricio dio unos saltos como si tuviese un cuete en el traste! y se alejó del peligro. Luego de largar una
carcajada le grito que yo distraería al padrillo para que él pudiera matarlo sin tanto peligro. Empezamos a
escuchar a Carlos gritando que esperáramos, y que no matamos el chancho, estaría a cien metros nuestro.
Patricio y yo le gritamos que se apurara ya que "loco" se estaba cansando y estaba patinando la mordida,
¡esos fueron momentos de nervios!.¡ El padrillo se acomodó el perro y comenzó a castigarlo de verdad. Se
empezó a ver como sangraba el blanco cogote!. Mirando esta escena no nos dimos cuenta que Sergio se había
acercado demasiado a la pelea poniéndose en verdadero peligro. Le gritamos pero no nos hizo caso y se acercó
de frente. ¡El padrillo lo miró, lo midió y lo encaró como una locomotora con la boca abierta y con el perro
colgando!. ¡ En fracción de segundos Sergio estaba cuerpo a cuerpo con el salvaje padrillo y calló
sentado con su enorme mochila en la espalda!. parecía como si estuviera viviendo una pesadilla!. Ya para
esto había llegado el resto de los cazadores, escuché los gritos de Luca -¡filma filmadora de m....! Y tres
tiros de pistola, fue un momento de verdadera confusión, "loco" se asustó y soltó al padrillo y se
escucharon dos disparos de escopeta y volvía escuchar a "Luca"- ¡metete la pistola en el c...!. Vimos con
desesperación como se nos escapaba el segundo padrillo. Sergio se levantó del suelo fangoso
justificando su actitud, pero no le sirvió para evitar los insultos, agachó la cabeza y se quedó en silencio.
Sin perder demasiado tiempo fuimos donde estaban los otros tres perros con la chancha , los tres perros le
estaban dando duro sin aflojarle, Carlos se acomodó y clavó su cuchillo mientras Luca filmaba la escena ya
con más calma. Una ves muerta la chancha atendimos a los perros, Loco era el único herido, tenía tres
puntazos en el cogote y sangraba bastante. Lo cosieron y luego despanzamos la chancha.
Sergio tenía un dedo lastimado y la muñeca recalcada y muy inflamada, la sacó barata.
Decidimos ir rumbeando hacia el campamento, estábamos mojados hasta la cintura y hacía un frío bárbaro.
Cansados y contentos a medias emprendimos la vuelta hacia el campamento.
Mientras caminábamos parecía que la distancia se había duplicado, estábamos realmente cansados. Luego de
varios kilómetros llegamos al campamento. Prendimos fuego y mientras se hacía el asado nos pusimos ropa
seca y tomamos unos regios mates. Luca se refugió en la camioneta y no comió, solo quería entrar en calor.
Morado de frío casi no hablaba ni se reía cuando bromeábamos con él. Pero a pesar de todo pienso que
este querido y simpático montero italiano quedó más que contento con esta experiencia cinegética muy
nuestra.
Desde aquí, desde Argentina un fraterno y afectuoso saludo para Luca Olivari de Toscano....
"EL MONTERO ITALIANO"