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NOCHE DE PERROS

 

Relatos

 

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Febrero del 2001
NOCHE DE PERROS

Eran aproximadamente las diez de la noche cuando entramos al campo con la esperanza de toparnos con
algún jabalí. Contábamos con la ayuda de seis dogos.
Tres adultos y tres cachorros.
No había demasiadas probabilidades de cazar dado que hacía un calor infernal y además la noche estaba muy
obscura. Los pastizales muy altos y los mosquitos como microbios en el aire revoloteaban alrededor de
nosotros.
Los lomos blancos de los dogos eran overos debido a los mosquitos.
De a ratos los perros se revolcaban en el pasto para librarse de esos insectos tortuosos. Así íbamos caminando a pesar de todo, gustosos y entusiasmados en busca de la acción. Caminamos buscando los lugares de pasto bajo con el viento de costado sin tener demasiado éxito. Mis rodillas se me llenaron de espinas al cruzar por un lugar de paja brava y cardos.
Pero no importaba, el entusiasmo hacía olvidar todas esas cosas desagradables.
Seguíamos a los dogos con nuestras linternas prendiéndolas de a ratos, buscábamos rastros, pero no había casi ninguna huella.
Una estrella fugaz surco el cielo obscuro dejándose ver, alguien dijo - ¡mirá!, hay que pedir un deseo.
Nadie contestó y seguimos caminando en silencio.
Llegamos casi al final del recorrido habitual sin encontrar nada, los perros estaban con poco entusiasmo ya que no pudieron ventear nada.
Hicimos un alto para deliberar que rumbo tomar y decidimos ir saliendo ya del campo buscando el viento de frente para beneficiar a los perros.
Ya habían pasado casi dos horas sin encontrar nada. "Nico" un amigo venía caminando a mi lado preguntándome la hora a cada rato. Quería ser el primero en saludarme dado que pasadas las doce de la noche yo cumplía años. Le hice un comentario_ es mi primer cumpleaños que paso cazando chanchos ¡ que cumpleaños!, y digo en una expresión de deseo para las cero o cero y cinco horas vamos a cazar un flor de padrillo, ese es el regalo que deseo.
Seguimos todos caminando en fila india cuando de repente vemos a dos perros a toda carrera hacia un
pajonal e inmediatamente¡ escuchamos los grotescos bufidos de un padrillo y los ladridos mezclados con
gritos de uno de los perros!, ¡ corrimos todos enloquecidos!, la fiera pelea estaría a escasos cien
metros. ¡ El ruido era tremendo!, bufidos, gruñidos, paja que se rompía y un intenso chapoteo en el barro.
¡Nuestros corazones retumbaban dentro de nuestros pechos y la adrenalina recorría todos nuestros cuerpos
excitados. Mientras corríamos desesperados grito _ ¡ rápido!, ¡corran, es un padrillo de p... madre!. En el
entusiasmo por llegar cuanto antes se me salió una zapatilla y tuve que detenerme unos segundos. ¡La
desesperación era tremenda!, meto mis dedos dentro de mi zapatilla llena de barro para poder calzarme, ¡ ya
está!, seguí corriendo y cuando llego al lugar escucho que Marcelo
grita: _ dejalos pelear un rato.
Pero cuando vio que era un padrillo importante cambió de parecer inmediatamente.
Tango y Malón lo sujetaban con firmeza uno de cada oreja, y uno de los cachorros también estaba prendido,
los otros dos cachorros miraban la fiera pelea con temor y confusión, eso es casi normal en los
cachorros. Pero faltaba un perro.
Luego el flaco que había llegado primero junto a Marcelo tomaron la iniciativa de matar al padrillo de
una buena ves ya que los perros no la estaban pasando demasiado bien. Aunque el padrillo no era de excesivo
tamaño si lo era en coraje y fuerza.
Marcelo lo sujetó por la cola y el flaco clavó su daga, luego clavó la suya del otro lado Marcelo. El padrillo con sus últimas fuerzas arrastró a los perros, al flaco y a Marcelo hacia un costado y luego callo arrodillado.
Todos estábamos contentos y excitados, en especial Daniel y Nicolás ya que era su primer montería con
dogos y cuchillo.
Miro la hora, eran las doce en punto y Nicolás me abrazó y me felicitó por mí cumpleaños. Luego me
saludó el resto del grupo, también tuve que escuchar algunas cargadas como que estaba viejo y esas cosas,
todo con la mejor onda. Pero la alegría duró poco, cuando comenzamos a revisar los perros Malón tenía una
herida en la parte inferior del cogote y sangraba mucho. El flaco enseguida comenzó a coserlo para parar
la hemorragia. Cuando terminó buscamos los demás perros y faltaba uno. Enseguida escuchamos que alguien
dijo, _ ¡ acá está !, ¡ Marcelo se te muere la perra !. Cuando fuimos a ver estaba Lucy sobre un charco de
sangre tirada respirando con mucha dificultad. Fue la que llegó primero junto con Tango, pero esta fue a
parar debajo del sucio padrillo y pudo salir de allí recién cuando llegó Malón, pero para esto Lucy ya
estaba gravemente herida. Salió de la pelea y fue a caer a unos metros del lugar. ¡ Pobre perra!, tenía
varios puntazos en el cogote y una nalga, además un corte en forma de media luna en las costillas.
Cristian enseguida comenzó a coserla a ella también. Sergio intentó sacar algunas fotos pero su maquina no
sé por que motivo no funcionaba. Todos lamentábamos la nefasta escena que estábamos viendo.
Luego con Daniel abrimos y cortamos en cuatro el chancho y rápidamente emprendimos la vuelta para darle
a Lucy atención veterinaria. Marcelo cargaba su valiente y hermosa perra sobre sus hombros turnándose
de a ratos con el flaco. El resto de los muchachos llevábamos la carne.
Calor, mosquitos y cansancio, pero había que salir del campo cuanto antes. No había tiempo para descansar, de
a ratos la transpiración se me escurría dentro de los ojos segándome casi por completo. Sergio iba delante
del grupo indicándonos el camino.
Malón iba detrás de Lucy con su enorme cabeza en alto olfateándola como presintiendo el desenlace. Ya
faltaba media hora aproximadamente para llegar a la camioneta y ya habíamos caminado durante una hora y
media hora cuando Lucy tubo unas pequeñas convulsiones. La bajaron al suelo, Lucy dejó de respirar, ¡ el flaco con desesperación le hizo reanimación en el corazón y respiración boca a boca, pero fue inútil... , Lucy ya se había ido. Me agaché y puse mi oído en sus costillas y el corazón ya no latía, solo se escuchaba el aire proporcionado por el flaco. Ya está... Lucy se fue, no había nada más por
hacer. Todos en silencio y sin saber que decir, Marcelo dejaba escapar de su boca algunos improperios
y decía en vos baja que nunca iba a tener otra perra como Lucy. Le di un par de palmadas afectuosas a la
valiente perra y nos pusimos de pie en silencio. La amargura hizo presa de todos nosotros, no lo podíamos
creer,... Lucy falleció.
Marcelo la cargó nuevamente en su espalda para llevar su cuerpo de regreso a casa.
Caminamos media hora más hasta la camioneta comentando tristemente lo que había pasado.
Lucy había terminado sus días como el mejor de los dogos, murió combatiendo con un jabalí, así como su
sangre lo manda, ¡ perra fiel y valiente!, no midió ni tamaño ni peligro, ella combatió valientemente
entregando su vida, así mueren algunos dogos totalmente en su ley, y aunque nos duela cuando esto
sucede no hace más que engrandecer nuestra hermosa y valiente raza criolla. Además sabemos que no fue en
vano la dedicación y enorme sacrificio de sus creadores "los hermanos Antonio y Agustín Nores Martínez", así como también la dedicación y sacrificio de todos los criadores de Dogos Argentinos de todas partes del mundo.
Lucy seguirá viva en nuestros corazones para siempre y en cada cacería la recordaremos con total admiración
"valiente guerrera blanca"... Lucy siempre estarás con nosotros.

Javier Tejerina
Cazador y Poeta Criollo